« [...] Al fin y al cabo, todo termina siendo de alguna manera y, en este sentido, el determinismo no es una tesis filosófica, sino una constatación trivial: si hablamos de cosas y no de meras posibilidades que nunca acaban de concretarse, nada escapa a la individualización pormenorizada y definitiva de todos y cada unos de sus rasgos definitorios. Todo, pues, se determina en la misma medida en que sucede. En cambio, el determinismo se convierte en una propuesta nada tautológica [Nota: tautología = redundancia explicativa, una trivialidad] si lo consideramos como una prospección, es decir, cuando afirmamos que lo que va a suceder mañana es hoy tan inexorable como lo será una vez ocurrido. Esta tesis tiene, de ser cierta, una enorme trascendencia. Por de pronto convierte el tiempo mismo en algo poco relevante en sí –aunque pueda seguir siendo decisivo desde una perspectiva subjetiva–. [...] »
Fragmento, Karl Popper y la cuestión del determinismo. Juan Arana, 1999.
« Las casualidades no existen.
Nada ocurre por azar.
Todo cuanto acontece
está previamente diseñado.
Las más extrañas circunstancias
obedecen a las leyes
inexorables de la lógica. »
Basilio Rodríguez Cañada.
Ediciones anteriores: 1, 2.